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Por razones de uso o tiempo, en algún momento una puerta puede atascarse, ocasionando un roce repetido sobre el piso o alfombra que puede desgastar o dejar marcas en ambos.
Antes de preguntarte si debes buscar una puerta nueva, plantéate revisar qué sucede e intenta resolverlo por ti mismo, verás que no es un asunto muy complicado y te dejará cierta sensación de triunfo al resolverlo sin ayuda de un experto.
También debo destacar que no necesariamente tienes que desmontarla, pero si prefieres hacerlo y es muy pesada para sostenerla solo, trata de buscar la ayuda de un familiar o de algún vecino, un destornillador y, si requieres alcanzar su parte superior con comodidad, un banco, una silla o una escalera de cocina, lo que tengas a mano en tu casa.
Pero si decides realizarlo por tu cuenta, procura ubicar alguna pieza de metal o madera que sirva para levantar la puerta desde su base, una especie de cuña, de manera que puedas nivelar la puerta y proceder a su ajuste, el cual consistirá en verificar que el área de unión o soporte (bisagra) con la pared esté fijo.
Usualmente cuando una puerta cede se debe a que por su peso y el uso que se la da, provoca que ese soporte vaya cediendo, por lo que se produce el roce con el piso.
Ubícate del lado en el cual puedas visualizar el área de las bisagras que permiten la movilidad de la puerta y coloca las piezas de metal o madera que hayas conseguido para nivelarla y procede a reposicionar las bases de las bisagras para luego ajustar los tornillos y listo.
Quita las piezas o cuñas que te han permitido nivelarla y prueba abrirla y cerrarla para verificar que se encuentra nivelada.

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